Encuentros con el cine: EL CINE COMO REFUGIO

 

El próximo jueves, 11 de mayo, tendremos la última sesión de este curso y nos acercaremos a you’re the one (una historia de entonces), una película de José Luis Garci, de 2000, producida por Nickel Odeon Dos, Enrique Cerezo, P.C. y PC 29. Fue galardonada con 13 premios internacionales, entre los que destaca el Oso de plata del Festival de Berlín al apartado artístico. Consiguió 5 premios Goya en su XV edición.
 
    Nos parece acertada la elección para hablar del cine de Garci. You’re the one (con el significado de eres única en la película y con un rememorativo subtítulo en español entre paréntesis) es una frase extraída de uno de los estándares más populares del jazz, Night and Day, de Cole Porter, escrita en 1932. Así, desde el título mismo de la película, deja claro su gusto por esta música tan asombrosa y por una de sus figuras míticas. Sin duda que Garci es mitómano y lo que manifiesta en el ámbito del jazz lo muestra también en el del cine clásico americano, con referencias constantes en toda su dilatada obra, con mucho énfasis en este filme. Se suman el boxeo y el fútbol, con citas relevantes igualmente. “El fútbol es metáfora de la vida” es una de sus frases más conocidas y también es conocido su amor por dos equipos: el Sporting de Gijón y el Atlético de Madrid. En Volver a empezar (1982), por la que ganó el primer Oscar para una película española, insertó fragmentos de un partido entre ambos en El Molinón, en el año del mundial celebrado en España. José Luis Garci fue galardonado en 1992 con el Premio Nacional de Cinematografía y actualmente es miembro de la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas de Hollywood.

    Al margen de que sea un cinesata, al que le apasiona el jazz y el fútbol y tenga la enorme suerte de que uno de sus equipos del alma sea el Atleti (el Sporting le viene por su ascendencia asturiana), porque es bien sabido que siendo colchonero la vida se ve de otro color, su amor al cine lo transmite al público además por su contribución didáctica, a través de la crítica y la divulgación mediática, con algunos programas televisivos tan recordados como ¡Qué grande es el cine! Su productora de hecho se llama Nickel Odeon, rememorando con su nombre aquellas primeras salas de exhibición de películas que Columbia Film Society popularizó entre 1905 y 1915. Cinefilia manifiesta pero también interés por comunicar y compartir su pasión. Eso se deja ver mucho en sus películas y se agradece, ¿por qué no? Nos hace reflexionar y, en logrados momentos, nos llega su emoción, con su parsimonia, su nostalgia y su melancolía. En you’re the one podemos ver secuencias sobresalientes y aspectos de la producción, algunos premiados, sobre los que nos gustaría hablar. Garci ha sido una persona además que, por sus relaciones personales y sociales, ha estado de alguna manera vinculado al “mundo del corazón”.

    La elección ha sido de nuestro invitado, Javier Ortega. Licenciado en Derecho, es editor y escritor. Ha sido colaborador en diversos medios escritos como La Tribuna, La Información, Nuevo LP y Diario Córdoba, primero como crítico de cine y más tarde como columnista de opinión. También en radio, en la cadena SER y actualmente en Onda Cero. Entre otras muchas actividades, vinculadas al mundo editorial y al de la comunicación, tiene publicados dos libros sobre cine titulados La vida manda, Spielberg, el hacedor de sueños y Chaplin, la sonrisa del vagabundo.

    Para Javier Ortega, que ha titulado la sesión EL CINE COMO REFUGIO: “You’re the one es quizá una de las películas más logradas de su autor. Es, en cierto modo, su particular Amarcord. Nace de una visión que tuvo Garci en Beverly Hills, la de una chica rubia al volante de un fastuoso vehículo que, de repente, en un semáforo en rojo, comenzó a llorar de manera desconsolada. Esa imagen, la de alguien que parece tenerlo todo y nada al mismo tiempo, le llevaría, en compañía de su fiel colaborador, el coguionista Horacio Valcárcel, a pergeñar una historia que Garci filmará -en blanco y negro- con la cadencia genuina de su obra más asentada. Una pieza de cámara en la que actores y actrices, como suele ser habitual en él, rayan a gran altura, y en la que los elementos que conforman el imaginario de su director rinden tributo al cine como vehículo para el escapismo; como medio para trascender la realidad de unos años, los del franquismo, grises y mortecinos.”